miércoles, 27 de junio de 2012

¡ESTE MIÉRCOLES 27 PARO GENERAL ACTIVO YA!



La "guerra de bolsillo de Cristina y Moyano desata una crisis política

¡Paro general activo ya!- Hace falta un encuentro nacional de delegados de base

Por primera vez desde que está al frente de la CGT, Hugo Moyano quedó cerca de la convocatoria a un paro general. Esto ha ocurrido luego que el gobierno reaccionara al paro de los camioneros del transporte de combustibles, amenazando con aplicar la Ley de Abastecimientos que autorizaría, incluso, a detenerlo. Esta amenaza generó un enfrentamiento que estuvo a centímetros de la represión en la puerta del predio de la destilería de YPF en La Matanza en la noche de este miércoles 20 de junio, al cierre de esta edición.

El solo hecho que Moyano haya quedado tan cerca de una convocatoria a un paro general, habla de la gravedad de los acontecimientos en curso. Es que lo que se está escenificando es la ruptura de una de las alianzas que más tuvieron que ver con la estabilidad social en los últimos años, donde Moyano, con el prestigio de “combativo” que tiene entre determinados sectores de trabajadores, y logrando mayormente beneficios solo para su propio gremio, se ocupó de mantener a raya la conflictividad al servicio de la estabilidad capitalista de un país que emergía del incendio del 2001. De ahí que no tenga en su haber ni una sola medida de paro general como secretario general de la CGT, a diferencia del también burócrata Saúl Ubaldini, que en la década de los 80 le hizo más de diez paros generales a Alfonsín.

La ruptura con Moyano está significando, entonces, una seria crisis política en el seno del oficialismo, el que a estas horas está discutiendo febrilmente como proceder. Ruptura política que tiene todo tipo de condimentos como por ejemplo, que la brecha dentro del oficialismo se amplíe aún más ante declaraciones como las del vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, Mariotto, que involucran a Scioli en una suerte de “complot” con el propio Moyano.

Desde el nuevo MAS nos pronunciamos a favor, aunque críticamente, de las reivindicaciones que está levantando Moyano, más allá que no dejen de ser limitadas a un sector de los trabajadores. Le exigimos que pase de las palabras a los hechos convocando a un paro nacional activo con movilización (un paro de todos los gremios, no solo de los camioneros), al tiempo que planteamos que no se le debe tener ni un gramo de confianza ni a Moyano, ni a Micheli, ni a ningún sector de la burocracia sindical tradicional de nuestro país, y que de lo que se trata es de poner en pie un Encuentro Nacional de Delegados de Base.

El trasfondo de un conflicto

Veamos sucintamente el trasfondo del conflicto entre Moyano y el gobierno. Los elementos que están detrás del mismo son, básicamente, dos. En primer lugar, en realidad, hay una razón que podríamos considerar básicamente política: se trata que el gobierno, envalentonado con el 54% de los votos obtenido en octubre pasado, creyó que había llegado el momento de desplazar al camionero del frente de la CGT y erigirse en único árbitro de la situación del país.

Es que a lo largo de casi toda la última década, y, sobre todo, bajo el kirchnerismo, Moyano siempre exhibió un “poder de fuego” y una autonomía relativa que si bien les hizo un gran favor a los k negándose a convocar a medida alguna de conjunto, mantuvo siempre una capacidad de negociación y un rechazo al alineamiento incondicional que lo hacían –y lo hacen- un factor de poder que el gobierno nunca logró controlar del todo. Su desplazamiento de la CGT, tiene en gran medida el objetivo de acabar con este elemento fuera de su control que cada dos por tres amenaza con desafiarlos.

Pero hay también un segundo elemento, y este tiene que ver con la situación económica (la razón más explicitada por Moyano a estas horas). Es que en su disputa con el gobierno, Moyano se encontró con un “aliado” en gran medida inesperado: el deterioro del “modelo k”. Porque la realidad es que a la situación económica del país se le han ido “apilando” una serie de desequilibrios que están afectando los precios, los salarios, el crecimiento económico y, todavía de manera incipiente pero real, el mayor logro del “modelo”: el nivel de empleo. Es decir, que comienzan a afectar las condiciones de vida de las mayorías, agravado el cuadro de situación, por la recaída en la crisis que se vive en la economía mundial y que ya se comienza a sentir en el país.

Así las cosas, y mientras arrecian los aumentos de los precios y el gobierno parece nuevamente estarse convenciendo de la necesidad de volver a la carga con la “sintonía fina” (frase redundante para no hablar directamente de ajuste), Moyano levanta una serie de reivindicaciones que no dejan de ser populares entre amplias franjas de los trabajadores y que cuestionan aspectos de ese mismo ajuste.

La justicia de las reivindicaciones

La circunstancia es que desde su ruptura con el gobierno, Moyano comenzó a levantar una serie de reivindicaciones que han venido chocando con las intenciones de Cristina de llevar adelante un ajuste en la economía ante los crecientes desequilibrios del “modelo”, ajustes que se vieron postergados en oportunidad de la tragedia del ex ferrocarril Sarmiento a comienzos de marzo pasado.

Tres son los reclamos que Moyano ha explicitado de manera clara y que no dejan de reflejar necesidades de los trabajadores. El primero tiene que ver con la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, impuesto que instaurado bajo Domingo Cavallo, y continuado por Néstor Kirchner, ridículamente está alcanzando una proporción cada vez mayor de trabajadores, a los cuales se les ve confiscada parte importante de su salario. Es que se trata no solamente de un impuesto aberrante (las únicas ganancias existentes y que deberían tributar impositivamente mucho más de lo que lo hacen bajo los k, son las que se embolsan los capitalistas a partir del trabajo no pagado de sus trabajadores), sino que a la vez, al aumentar el mínimo no imponible por detrás del ritmo de la inflación y de los aumentos promedios en paritarias, cada vez afecta a una franja mayor de los trabajadores.

El segundo tiene que ver con el salario familiar. El hecho es que el salario familiar tiene un techo a partir del cual se deja de pagar. Este techo está, en promedio, algo en torno a los 3000$ a partir del cual, si un trabajador aunque tenga hijos gana más, no cobra el salario por los mismos. Es decir, es otra medida que penaliza a los trabajadores que cobran a partir de determinado límite.

En tercer lugar, está la pelea del gremio Camioneros propiamente dicho. Anteriormente, Moyano se había acostumbrado a obtener siempre algún punto más, o algún beneficio bajo la mesa. Esto ocurrió mientras estuvo de parabienes con los k. Pero ahora, no sólo esto se acabó, sino que en la actual paritaria con los empresarios del transporte, estos aparecen como tratando de “penalizarlo” por su alejamiento del gobierno. Esto es así porque la discusión se ha estancado en la oferta del 21% (sin proponer, por lo demás, sumas fijas ni ningún otro beneficio, al menos hasta el momento), mientras gremios k como el de metalúrgicos o, ahora la UOCRA, obtuvieron porcentajes mayores.

En síntesis: los puntos que está reclamando Moyano son justas reivindicaciones de una amplia porción de los trabajadores y, por lo tanto, deben merecer el apoyo crítico de parte de las organizaciones de la izquierda. Apoyo porque, en sustancia, se trata de reivindicaciones sentidas. Crítico porque no se puede olvidar nunca ni por un segundo que Moyano en su calidad de dirigente burocrático al frente de la CGT –en realidad, a lo largo de toda su trayectoria- siempre trabajó por el monopolio de la representación sindical por parte del peronismo y en contra de la democracia de las bases y la independencia política de los trabajadores.

Hace falta un paro activo general ya. Por un Encuentro Nacional de Delegados de Base

Los acontecimientos que se han vivido la noche del miércoles 20 están significando una suerte de crisis política en el gobierno. El ejecutivo quiso escenificar un “endurecimiento” aplicando la Ley de Abastecimiento y, hasta el momento del cierre de esta edición, ese teatro le viene fracasando. Moyano apareció en el programa A Dos Voces de TN saliendo a convocar a un paro general del gremio camionero y una movilización a la Plaza de Mayo de fecha todavía incierta sugiriendo, a la vez, que serían bienvenidos todos los apoyos: en el programa manifestó que le había llegado el de Pablo Micheli de la CTA disidente, o mismo el que se pudo observar en vivo del Pollo Sobrero en La Matanza.

Desde ya que hasta que se reúna la CGT y resuelva pueden pasar muchas cosas. Entre ellas, mucho tendrá que ver con los nuevos pasos que decida el gobierno, el que parece con poco margen para retroceder luego de ensayar un endurecimiento y de que Cristina volviera apresuradamente de su gira internacional dada la crisis desatada. La realidad es que tampoco Moyano tiene mucho margen de maniobras si es que desde el gobierno no se ensaya un cambio de posición, o se le “afloja” algo.

Como señalamos arriba, nuestro apoyo a las medidas que pueda tomar Moyano es un apoyo crítico. Es que Moyano es parte de la burocracia sindical argentina que tiene entre sus objetivos cortar de cuajo la emergencia de la nueva generación obrera que, desde abajo, viene haciendo una experiencia de lucha y organización como hace décadas no se expresaba en el país. Experiencias como la de algunos ramales ferroviarios, el neumático, el subte, la alimentación, gráficos y los judiciales bonaerenses, entre muchas otras, que marcan lo que venimos señalando y plantean un estratégico cuestionamiento al conjunto de la burocracia sindical.

Esta experiencia está en curso, además, en momentos que no sólo la CTA está partida en dos, sino que la propia CGT se encamina al mismo escenario a partir del 12 de Julio, cuando el sector de Moyano realice su Congreso donde será reelecto mientras que el sector afín al gobierno K entronice a Calo del gremio metalúrgico al frente de la otra mitad.

En estas condiciones, nuestra exigencia pasa porque Moyano, desde la CGT, convoque de inmediato a un paro general de todos los gremios, no solo de camioneros, que sea activo, al tiempo que se garantiza que la movilización a la Plaza de Mayo no sea solo de su aparato, sino abierta a todos los que quieran participar.

Al mismo tiempo, desde la izquierda, hay que dejar de hacer “mini encuentros sindicales” de cada corriente por separado y trabajar por preparar las condiciones para un Encuentro Nacional de Delegados de Base que en medio del agravamiento de la crisis de la burocracia sindical y de su enfrentamiento con el gobierno, permita que los sectores independientes den un paso adelante hacia la conformación de una nueva dirección para la clase obrera argentina.
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