jueves, 29 de noviembre de 2012

TRIUNFAZO CONTRA LA PATRONAL DE BRIDGESTONE ARGENTINA (FIRESTONE)


La jueza Sandra Russo ordenó la reincorporación de Maxi Cisneros

En el día de la fecha, jueves 29 de noviembre, fue notificada la sentencia de primera instancia por la cual la magistrada Sandra Russo declara nulo el despido del compañero Maxi Cisneros de la empresa del neumático Bridgestone Argentina por considerarlo "discriminatorio". Es decir, producido en virtud de la actividad gremial desarrollada por el compañero. En su fallo, la magistrada desmiente que se haya tratado de un despido por enfermedad y ratifica la condición de "activista sindical" de Maximiliano, ordenando su inmediata reincorporación a la planta.

Como antecedentes para el fallo, la jueza se basó en el conocido caso PARRA VERA, por intermedio del cual se fijó jurisprudencia en casos de despidos discriminatorios; fallo que fuera confirmado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso Alvarez. El caso PARRA VERA, como el actual del compañero Maximiliano, fue llevado por los miembros del ALI (Abogados Laboralistas de Izquierda; organización vinculada al Nuevo MAS), los doctores Leonardo Sinistri y Daniel Martinez.

Desde ya que desde el Nuevo MAS tenemos una alegría inmensa y consideramos este fallo un triunfazo, aunque somos conscientes que la empresa seguramente apelará a la segunda instancia para intentar evitar cumplir con el mismo. En todo caso, desde nuestro partido tomaremos todas las previsiones que sean posibles para que la reincorporación de nuestro compañero sea efectivizada a la brevedad, a comenzar por la realización de actividades públicas en ese sentido.
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miércoles, 14 de noviembre de 2012

DECLARACIÓN DEL NUEVO MAS SOBRE EL PARO DEL 20 DE NOVIEMBRE


Ante el llamado de Moyano y Micheli- ¡Tomemos en nuestras manos la convocatoria para hacer un paro activo nacional unificado!
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Que los compañeros y compañeras agrupados por la CGT Caló y la CTA de Yasky también se sumen

Finalmente, luego de dar muchas vueltas, la CGT de Moyano y la CTA de Micheli convocaron a un paro general para el próximo martes 20, el primero bajo el kirchnerismo. Al parecer, la CGT "Azul y Blanca" del impresentable Barrionuevo, también se sumaria a la convocatoria, aunque al igual que Moyano sin movilizar a Plaza de Mayo, ni, a priori, convocar a medidas activas. Sin embargo, la “unidad de acción” de Moyano, Micheli y Barrionuevo le daría bastante "representatividad" a la convocatoria, más allá que los actuales “recontra-alcahuetes” del gobierno como la CGT de Caló y la CTA de Yasky seguramente no serán de la partida y que como es habitual en la burocracia sindical, el paro es llamado por los medios, sin ninguna consulta a las bases trabajadoras, menos que menos la realización de asambleas en los lugares de trabajo, y nada que se parezca en algo a la democracia obrera.

La convocatoria al paro ocurre después del fuerte cacerolazo conservador del pasado jueves 8, pero tiene un carácter completamente distinto a este. Si bien Moyano, Micheli y Barrionuevo tienen fuertes vínculos con sectores de la oposición patronal, también expresan de alguna manera las presiones por el descontento que viene desde abajo, desde las bases de los trabajadores. Trabajadores que se están hartando del deterioro del salario por la escalada sin límites de la inflación, y de la confiscación de una parte de sus sueldos mediante el llamado "impuesto a las ganancias". La convocatoria al paro, aunque realizada por sectores burocráticos que buscan subordinar los intereses obreros a distintos sectores patronales, da sin embargo un canal para que se exprese la bronca de un sector social completamente distinto a los caceroleros del jueves pasado: la clase obrera. Es en ese sentido que el paro debe ser apoyado sin ningún lugar a dudas, apostando a que sea la clase obrera y sus reclamos la que talle en la situación nacional yendo más allá de sus convocantes burocráticos.

La realidad es que entre los trabajadores existe una justa y creciente bronca contra el gobierno. Desde hace meses Cristina viene aplicando un ajuste económico que descarga la crisis sobre la clase obrera y los sectores populares. Titulándolo sutilmente "sintonía fina", el gobierno ha venido intentado sacarse de encima su responsabilidad por esta política antiobrera y antipopular, “tercerizando” su aplicación sea a los empresarios, sea a los gobernadores de las provincias, sea al Jefe de la Ciudad o a quién sea. Esta maniobra no ha evitado que la bronca contra el kirchnerismo esté creciendo. Es que este ajuste ha tenido el objetivo de que los aumentos en paritarias quedaran por detrás de la inflación, un modo de compensarles a los empresarios el deterioro del dólar para que no pierdan "competitividad". De ahí que acercándonos a fin de año, y viendo todos los días la insuficiencia de los aumentos obtenidos meses atrás, amplios sectores de trabajadores y los gremios estén exigiendo sumas fijas para fin de año con el objetivo de compensar este atraso.

Pero no se trata sólo de las paritarias a la baja que firmaron los burócratas de todos los colores, oficialistas y opositores. También tiene un lugar central en la convocatoria el rechazo al escandaloso impuesto a las “ganancias” que pagan cada vez más porciones de trabajadores dado que el aumento del piso a partir del cual este impuesto impresentable se paga, ha quedado completamente por detrás de la inflación. La situación aberrante aquí es que cada vez que un sector de trabajadores obtiene un aumento, debe dejar parte importantísimo del mismo en manos del gobierno que se lo saca al servicio de sus propias necesidades. Como si esto fuera poco, las jubilaciones y demás ingresos sociales se van retrasando mientras que, aun sea en cuotas o no, aumentan el transporte, las tarifas, y demás servicios públicos, que de tan deteriorados que están, lo único que causan es un creciente rechazo.

El de los servicios es otro de los elementos de repudio popular al gobierno. A las amplias mayorías explotadas y oprimidas no les conmueven realmente los reclamos de los caceroleros, que en definitiva se anudan alrededor de la defensa de la propiedad privada, los dimes y diretes de la pelea entre el gobierno y Clarín, el dólar y cosas por el estilo. Pero si hay algo que no estuvo entre las prioridades del 8N, pero que sí lo está entre los sectores populares, es el desastre del transporte y la electricidad. Este ha sido otro de los grandes temas de estos días: el inmenso apagón que refleja el creciente abandono al que ha sometido el kirchnerismo unos servicios públicos que solamente han servido para que se llenen de plata (subsidios estatales mediante) las operadoras de los mismos, a la vez que provocando desastres y hasta tragedias entre los usuarios como fue en marzo el accidente de la ex línea Sarmiento.

Como si lo anterior fuera poco, Cristina ya salió a sentar posición contra al paro. Es en relación al movimiento obrero dónde más se le notan los pelos de gorila. Se queja de que los caceroleros son un movimiento “ultraconservador”. Eso es verdad. Pero lo que pretende esconder con eso, es que su gobierno también es bien gorila en relación a la clase obrera: sino que lo diga la clásica amenaza patronal que acaba de proferir de que la consecuencia del paro serían “nuevos despidos”… Y no nos olvidemos que hace pocos días nomás acaba de sancionar una ley de riesgos de trabajo que la única intención que tiene es ponerle un precio miserable a la vida del obrero, respondiendo de esta forma a la preocupación empresaria de que en la justicia las familias damnificadas obtenían “demasiada indemnización”. No les preocupa los accidentes que se generan por la desidia empresaria, o los ritmos locos de trabajo que aumentan sus súper ganancias: ¡lo que les preocupa es no pagar un precio demasiado alto por las consecuencias que tiene esto sobre la vida del trabajador! Cristina se declara “policlasista”. Pero esta no es más que una maniobra para confundir (aclaremos, de paso, que la conciliación entre explotados y explotadores, no existe), porque detrás de ese envoltorio, el kirchnerismo en estos últimos diez años no ha hecho otra cosa que defender una argentina 100% capitalista, que se nota no solamente en las enormes ganancias obtenidas por los empresarios, sino también en la concentración económica en manos de los más grandes grupos económicos.

El deterioro del salario y de las condiciones de vida es lo que ha motorizado la justa bronca entre los trabajadores, y el que podría tener un progresivo canal de expresión en el paro del 20. De ahí que la convocatoria debería ser a un paro realmente activo, discutido por las bases, con asambleas, y cualquier otra forma de organización desde abajo. No es así como lo piensan Moyano y Micheli. El primero quiere hacer “un paro como los de antes”, es decir, solo “dominguero”. Igualmente, tiene una dificultad: en aquellos paros domingueros de las décadas pasadas, al menos realmente durante el mismo parecía un domingo: no volaba ni una mosca, paraba todo el mundo. En este caso no está claro qué adhesión tendrá la medida, porque más allá de que muchos trabajadores seguramente simpatizarán con la convocatoria, la fragmentación sindical que existe en este momento dificulta una medida de ese tipo. Pero, además, hay otro problema. La búsqueda de un paro pasivo por parte de Moyano tiene el objetivo de controlar todo, que nada se le salga de las manos, además de congraciarse con sus nuevos aliados de la oposición patronal, los que verían con muy malos ojos una acción demasiado contundente como fuerzas patronales que son.

Luego está el caso de Micheli. Este boconea que quiere un paro “activo”. Pero no ha convocado a ninguna asamblea de base para organizarlo en los gremios o sectores dónde tiene fuerza. Las corrientes de “izquierda” que le hacen de comparsa, como la CCC y el MST (o, incluso, lamentablemente, el “Pollo” Sobrero del Sarmiento), no han abierto palabra al respecto mientras Micheli cancherea que el 20 llevará a cabo “100 cortes en todo el país” y convocará a un acto en la Plaza de Mayo. La realidad es que el michelismo es muy débil. Su punto de apoyo está entre los estatales, los que están fragmentados no solo con la oficialista UPCN, sino en mil gremios más. Su convocatoria supuestamente “activa”, es sólo para esconder esta debilidad orgánica en materia de representación porque si el paro no lo garantiza el moyanismo, de cese de actividades tendría poco.

Aquí salta otro problema vinculado a la acción gorila del kirchnerismo en el movimiento obrero: su rol ha sido al mismo que en relación al resto de los movimientos de lucha: ¡cooptar y fragmentar!. Bonito “progresismo” es este que solamente ha buscado debilitar y cooptar mucho de lo que de independiente de los aparatos tradicionales había dejado el 2001. Así como fragmentar en todo lo posible el viejo aparato sindical, para que ningún gremio se le pueda “retobar” demasiado. En esta acción, sin embargo, además de garantizarse dominio y control, siempre se ha asegurado, sobre todo, algo más estratégico: proteger y mantener la estructura sindical tradicional pactando con burócratas de todos los pelajes a diestra y siniestra, sólo importándole que los apoyen a ellos y siempre buscando frustrar el proceso de recomposición que viene desde abajo. Muchos no gustan escuchar esto. Pero la verdad es que el kirchnerismo ha sido bien peronista en ese sentido: ceder algunas mínimas concesiones mientras le asegura a la patronal excepcionales condiciones de explotación del trabajo, y desalienta y trabaja contra todas las experiencias antiburocráticas.

En este contexto, desde el Nuevo MAS opinamos que la convocatoria es una oportunidad para que los trabajadores hagan sentir sus reclamos en la palestra nacional. Pensamos que en todos los lugares que pueda ser esto posible, deben realizarse asambleas, reuniones abiertas, plenarios o lo que sea, unificando si es posible a los trabajadores de ambas CGT y ambas CTA para llevar a cabo una acción conjunta que los burócratas no van a garantizar. Además, debemos esforzarnos porque la medida de fuerza sea activa, viendo en cada caso como se puede garantizar esto, realizando piquetes y cortes de ruta masivos dónde sea posible, y evaluando la conveniencia o no de movilizar a Plaza de Mayo; esto es más táctico y dependerá de lo que más nos convenga en cada caso. Pero lo que no es táctico es parar, y hacerlo sobre la base de una decisión colectiva de los compañeros y compañeras en cada lugar de trabajo buscando, además, que el paro no sea dominguero sino activo y lo más unificado posible entre todos los trabajadores, sean del gremio o la central que sean, y con una perspectiva independiente que avance en comprender que no se debe ir detrás de uno u otro sector patronal como pretenden todas las burocracias, sino que la clase obrera debe hacer su propio camino político.

► Reapertura de paritarias ya

► Salario igual a la canasta familiar (que hoy ronda los 7000 pesos); ajuste mensual por inflación


► Derogación del impuesto al salario y asignaciones familiares para todos


► Derogación de la nueva ley de ART´s


► 82% móvil para los jubilados y pensionados


► Contra el trabajo en negro y tercerizado


► Contra la criminalización de la protesta. No a la ley “antiterrorista”


► No pago de la deuda externa


► Reestatización de todas las privatizadas bajo control y gestión de sus trabajadores


► Nacionalización de la banca y del comercio exterior


► Impuestos crecientes a las rentas agrarias y mineras

sábado, 10 de noviembre de 2012

EL CACEROLAZO CONSERVADOR Y LA RESPONSABILIDAD DEL KIRCHNERISMO- Declaración del Nuevo MAS


Multitudinaria pero no millonaria

El jueves 8 se realizó el anunciado cacerolazo que venía promoviéndose desde los medios de comunicación hace sema
nas perdiendo en el camino toda su “espontaneidad”. Está claro que tuvo una participación masiva, sobre todo en las concentraciones del Obelisco y frente a la Quinta de Olivos. Las cifras más serias hablan de algo en torno a 200.000 personas en el centro, unas 30.000 en Olivos y unas 70.000 personas más en el resto del país; es decir, muy lejos de los 2.000.000 de los cuales han salido a hablar el diario Clarín y Macri. Si fue una acción masiva, también se puede decir que por su composición social no dejó de ser muy “unilateral”: en general el promedio de edad fue alto, de familias de clase media para arriba, poca juventud independiente, y ni que hablar de sectores de trabajadores y, más en general, populares. Claro que en una movilización de tal magnitud hubo componentes sociales de todos los tipos; pero no deja de ser casual que los principales centros de concentración hayan ocurrido en barrios como Barrio Norte, Recoleta, Olivos, Caballito y en los barrios más de clase media alta de las ciudades capitales del interior del país.

En defensa de la Argentina neoliberal

Lo anterior tiene que ver con la composición social mayoritariamente pudiente de su participación. Veamos ahora el contenido principal de sus reivindicaciones. En este sentido también la cosa quedó bastante clara: si la consigna que más se escuchó fue el reclamo de “seguridad”, el otro elemento clave fue la defensa de la actual constitución neoliberal heredada del menemismo de los años ’90. No hace falta estar a favor de la reelección del gobierno de Cristina Kirchner para darse cuenta que detrás del operativo burgués del rechazo a su eternización en el cargo, lo que se expresa es un repudio a que se le toque una coma a una constitución que consagró legalmente la argentina capitalista heredera de los peores años de la dictadura militar y el menemismo. ¿Qué otras reivindicaciones se expresaron? El rechazo a las dificultades para comprar dólares (pobrecitos los que no pueden irse de vacaciones a Miami), la exigencia de que se deje que “la justicia sea independiente” y planteos por el estilo. Si bien la preocupación por la inflación fue expresada por algunos de los participantes (un flagelo que afecta en primer lugar a los sectores populares), no fue el que dio la nota, y, en todo caso, el problema no es sólo identificar la existencia de la inflación, sino qué respuesta se le da a ese flagelo: ¡porque muchas veces hemos vivido la utilización de la excusa de la inflación para legitimar políticas de ajuste dónde la cuenta de la crisis se le hace pagar a los trabajadores!

De lo social a lo político

El interrogante político inmediato es si la manifestación de ayer abrirá una crisis política en el gobierno o no. Eso es probable pero todavía no seguro. Es que hay varios elementos “atenuantes” en ese sentido. El primero es que la vasta movilización de ayer con su ristra de reclamos más bien conservadores, no tiene ninguna expresión política directa. Da vergüenza ver como incluso desde sectores considerados de “izquierda” se han lanzado desesperados a intentar “capitalizar” algo de un descontento que no es ingenuo, ni que está para cualquiera: los que se movilizaron ayer tienen un corte de clase muy característico que nada tienen que ver con el “público” de la izquierda, con los explotados y oprimidos. Pero el problema subsiste porque incluso por la derecha es difícil que algunos de los grupos de la oposición como el PRO (el más visible en el cacerolazo), los radicales (que arrastran una crisis interminable), o mismo el FAP (como subproducto de la crisis del “narco-socialismo” se terminaron ausentando de la marcha en Rosario) puedan salir a canalizar este descontento; más todavía cuando aun falta un largo año para las elecciones. Tampoco está claro qué “utilización” le podrán dar Moyano, Barrionuevo o Micheli. Si los dos primeros aparecieron abiertamente convocando para la jornada de ayer, y ahora están hablando de un supuesto paro general para el 20 de noviembre, todavía no está nada claro que van a hacer realmente, a qué van a convocar, y si, en realidad, toda su movida no es una para llevarle agua al molino de la oposición patronal más que para sacar adelante los genuinos reclamos obreros. Para precisar esto habrá que esperar a que concreten su anunciada convocatoria (si es que lo hacen).

Una agenda conservadora

Existe un segundo problema ligado al anterior: una movilización masiva pero reaccionaria como la de ayer, inevitablemente mete “presión” alrededor de una agenda conservadora para el país. Esto también “escupe el asado” para tantos sectores de la izquierda argentina vulgar y facilista que creen que cuando miles salen a las calles el problema ya está resuelto sin interrogarse acerca de la composición de clase, el programa y la dirección de aquellos que reclaman. Porque la cuestión es que esos elementos pesan y mucho a la hora del verdadero carácter de los movilizados. Y si bien la marcha del 8 N tiene enormes dificultades de canalización política orgánica en alguna fuerza conservadora como acabamos de decir, en todo caso no juega a favor sino en contra de las verdaderas reivindicaciones de los explotados y oprimidos que cuestionan al gobierno pero no por la derecha como fue el cacerolazo de ayer, sino por la izquierda.

Es el gobierno K el que le ha dado de comer a los sectores pudientes que hoy reclaman

Pero esto nos lleva también a la responsabilidad del gobierno en particular y el kirchnerismo en general. A estos y a sus agrupaciones les gusta rasgarse las vestiduras presentándose como los que “luchan contra la oligarquía” mientras que una parte (vergonzosa) de la izquierda se suma al gorilaje. Si lo segundo es verdad (hay una parte de la “izquierda” que es impresentable), no lo es lo primero. Es que el principal y casi único responsable de que estos sectores conservadores hayan salido a levantar el copete no es otro que el gobierno K que viene administrando el país hace ya diez años. Son los gobiernos de Néstor y Cristina los que se jugaron enteros a mantener y normalizar la Argentina 100% capitalista. Es su gobierno el que benefició más que a nadie, a los grandes grupos económicos transnacionales concentrados que desde la década del 1990 vienen dominando el país y que en los últimos años se llenaron de ganancias a dos manos. Es también este mismo gobierno el que ha mantenido una estructura de la clase obrera heredada de los años 1990 caracterizada por la fragmentación del “mundo del trabajo”.Como remate de esta realidad, es el mismo gobierno el que acaba de imponer una nueva ley de ART muy festejada por los patrones de la UIA, que consagra un precio absurdo para la vida del obrero limitando en mucho la posibilidad de litigar en la justicia reclamando a las patronales ante la muerte obrera. En suma: es el gobierno K el que normalizando el país luego de la rebelión del 2001 y posibilitando que los capitalistas y la clase media alta se llenaran de plata a dos manos, creó las propias condiciones para que ahora, estos mismos sectores, le exijan un “punto final” a su gestión en la perspectiva de un gobierno capitalista más normal que haga menos concesiones al movimiento de masas.

Los justos reclamos populares

Un punto aparte merece aquí no tanto los que se movilizaron ayer, sino los vastos sectores populares que simpatizaron con la movida. Aquí hay una confusión que los convocantes al cacerolazo van a intentar explotar los próximos días: una cosa muy distinta son los reclamos de los sectores pudientes al gobierno, y otra diferente es que por no haber otras alternativas de magnitud, amplios sectores de los explotados y oprimidos -que están viviendo un evidente deterioro en sus condiciones de vida-, depositen expectativas en los “caceroleros”.

Los sectores populares reclaman muy justamente al gobierno K por los bajos salarios, por el incremento de los despidos y la limitación en las expectativas laborales, por el impuesto a las ganancias (que se le aplica escandalosamente a los salarios), por las condiciones de los servicios de luz (que se desmoronan ante la ola de calor), por los servicios del transporte (que son una vergüenza nacional que en cualquier momento se cobra nuevas vidas como fue el accidente trágico del ex Sarmiento). Pero lo que muchos compañeros y compañeras no ven, es que de estos reclamos desde abajo poco y nada se escuchó en el cacerolazo:¡su agenda de justos reclamos contra el gobierno kirchnerista nada tiene que ver con la agenda conservadora de los satisfechos de ayer! En todo caso, una de las razones por las cuales hay que trabajar desde la izquierda revolucionaria por un tercer polo de clase en la situación nacional tiene que ver justamente con esto: con romper con la polarización por arriba entre dos fuerzas burguesas que nada tienen que ver –ninguna de las dos- con las justas reivindicaciones populares.

La crisis de la izquierda “porotera”

Esto nos lleva al problema de la izquierda. La pérdida de reflejos de clase y el electoralismo que domina a parte de la misma ya son escandalosos. En la Argentina existe suficiente tradición histórica y política como para darse cuenta que la movilización de ayer nada tiene que ver con los explotados y oprimidos. Una perspectiva de clase pasa por abrir una tercera vía, por desarrollar un camino de crítica y lucha contra el gobierno burgués kirchnerista desde la izquierda. Pero para hacer esto no se puede mezclar las banderas con el gorilismo neoliberal como se está haciendo desde el FAP de Binner, la CTA Micheli y Libres del Sur, pasando por la CCC, Solanas y el MST hasta llegar a grupos menores como IS. Mezcla de banderas que tiene que ver, además, con una expectativa electoralista: tratar de ganar votos como sea, con el programa y las reivindicaciones que sean, haciendo las contorciones que fuesen necesarias, sumándose a una crítica al gobierno kirchnerista que no es desde la izquierda del mismo, sino gorila y neoliberal. De ahí que se hayan podido observar, incluso, carteles como el de Pino Solanas (supuesto “peronista de izquierda nacionalista”) llamando a “defender” la reaccionaria y cipaya Constitución Nacional...

Pero lamentablemente el problema va todavía un poco más allá, evidenciando una crisis creciente en las filas del FIT. Es que corrientes que mantengan una posición independiente como la nuestra (que viene desde el conflicto con el campo en el 2008), sobran los dedos de una mano para identificarlas.

Lamentablemente incluso el PO que es la fuerza hegemónica en el Frente de Izquierda, tiene una posición parecida al “no sabe, no contesta”. Un día dice una cosa, otro día dice otra. Incluso en una misma declaración arrancan para un lado, pero terminan para el otro... Es una verdadera vergüenza. Y si Altamira se pasea por los medios bastante asiduamente, eso no es garantía alguna de claridad. Es que al PO le pasa el mismo síndrome que al resto de la centro izquierda y parte de la izquierda “porotera”: el síndrome del electoralismo. Todo el cálculo está puesto en los porotos: cómo meter algún diputado en la Capital el año que viene. Y para eso, en vez de apostar a una política revolucionaria, basada en posiciones claras, la cosa parece dominada por no “mal quistarse” con los posibles votantes; no quedar muy claro ni para un lado ni para el otro a ver si obteniendo votitos aquí y allá, se produce otro “milagro” y sale el diputadito. ¡Una verdadera vergüenza!

Hace falta poner en pié un tercer polo de clase en la realidad nacional

La realidad es que ni los caceroleros ni el gobierno K parecen muy preocupados por los casos, por ejemplo, de persecución a luchadores obreros, como es el caso de Maximiliano Cisneros, injustamente despedido por la patronal de Firestone por haber comenzado a organizar a sus compañeros para luchar contra la esclavitud laboral. Tampoco parecen interesados en responder al reclamo que viene creciendo e instalándose en la agenda nacional por el derecho al aborto. Y, menos que menos, por la condena a Pedraza por el asesinato a Mariano Ferreira. Para que esos reclamos y muchos otros de la clase obrera y la juventud se abran paso, hace falta abrir un tercer polo, que exprese a la clase obrera y sectores populares en la coyuntura nacional. Y con ese objetivo hay que superar la experiencia de la izquierda porotera, superando el electoralismo y confiando en que solo la clase obrera puede abrir una vía para la transformación social.

Comité Ejecutivo del Nuevo MAS, 9 de noviembre del 2012
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miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL NUEVO MAS REPUDIA EL CACEROLAZO REACCIONARIO SIN DAR NINGÚN APOYO AL GOBIERN0 K


No es una alternativa para los trabajadores

Desde el Nuevo MAS queremos ser absolutamente claros: repudiamos la convocatoria del 8N por representar sin lugar a dudas el intento de montar una alternativa por derecha al gobierno K, que exprese una oposición “liberal y republicana” al oficialismo k, cuyos motivos íntimos son: la defensa de la actual constitución neoliberal reformada en los 90` (incluyendo aquí al FAP y los “antiimperialistas” de Libres del Sur), el libre mercado, la no intervención del estado en la economía, la libertad de prensa entendida como libertad de empresa y el monopolio de los medios por la oposición gorila, la libre disposición de dólares para hacerse paseitos por el exterior o, mucho más importante, pasar a moneda ‘dura’ las súper ganancias extraídas de la explotación de la clase obrera. Una agenda que nada tiene que ver con las necesidades de los explotados y oprimidos y que, vergonzosamente, desde sectores de la izquierda se sigue considerando ‘progresiva’, como cuando no tuvieron empacho en poner las banderas rojas al lado de las de la Sociedad Rural en Palermo.

Aunque en estos días nos quisieron vender que había una ‘batalla en las redes sociales’, quedó claro que este cacerolazo ha perdido el aparente carácter ‘espontáneo’ que tuvo el 13 S, transformándose en una manifestación mucho más política. Tanto Macri como Carrió (entre muchos otros políticos de la oposición patronal), la Iglesia Católica, etcétera, se han declarado a favor del mismo, por no olvidarnos el hecho de que está directamente promovido por los diarios Clarín y La Nación, los que han salido a propagandizar que ‘si el 8 N es grande no hay 7 D’ (por la supuesta intervención que el gobierno de Cristina promovería ese día en el multimedio).

Los sectores populares que tienen justas críticas al gobierno, no deben confundirse. Como las marchas de Blumberg y, sobre todo, la coalición sojera del 2008, se trata esta de una manifestación reaccionaria y conservadora de los sectores pudientes de la sociedad en defensa cerrada de sus intereses, que nada tienen que ver con los intereses de los de abajo.

Dicho esto, tampoco defendemos al gobierno K. Este representa a los sectores patronales que defienden ‘otra regulación’ del mercado. Es que Cristina Fernández también expresa los intereses de la Argentina capitalista, de los grupos empresariales beneficiados por la nueva ley de accidentes de trabajo, por la flexibilización laboral, por una forma de explotación del trabajo que si ha implicado una mayor tasa de empleo, no ha dejado de significar un aumento considerable en la productividad fundada en el sudor, las lágrimas y la sangre del obrero. Cristina Kirchner quiere hacerse de los medios pero no para ponerlos al servicio del movimiento obrero y de masas, sino para que sea el oficialismo el que los monopolice, vendiendo desde los mismos su ‘relato’ acerca de cuales deben ser las reglas de juego de una Argentina que, aun con barniz ‘progre’, sigue siendo 100% capitalista.

Los trabajadores y el pueblo necesitan otra cosa, una salida independiente, la que no puede venir ni del gobierno de Cristina ni de los caceroleros ‘chetos’ que se van a expresar mañana. De estos enfrentamientos en las alturas entre distintas opciones patronales, nada bueno podemos esperar los sectores obreros y populares. Un ejemplo de esto ha sido recientemente todo el escándalo que se desató alrededor del tema del aborto, donde los referentes de ambos sectores patronales ni abrieron la boca evidenciando con su silencio el apoyo explícito a la archi-reaccionaria Iglesia Católica que sigue opinando como si todavía estuviéramos en la Edad Media.

El Nuevo MAS reitera la posición asumida cuando el conflicto del 2008, de absoluta independencia de clase frente a ambos bandos burgueses, impulsando la movilización para poner en pie un tercer polo en la política nacional que defienda los intereses de los sectores obreros y populares.
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