Mostrando las entradas con la etiqueta CGT. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta CGT. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de noviembre de 2012

DECLARACIÓN DEL NUEVO MAS SOBRE EL PARO DEL 20 DE NOVIEMBRE


Ante el llamado de Moyano y Micheli- ¡Tomemos en nuestras manos la convocatoria para hacer un paro activo nacional unificado!
-
Que los compañeros y compañeras agrupados por la CGT Caló y la CTA de Yasky también se sumen

Finalmente, luego de dar muchas vueltas, la CGT de Moyano y la CTA de Micheli convocaron a un paro general para el próximo martes 20, el primero bajo el kirchnerismo. Al parecer, la CGT "Azul y Blanca" del impresentable Barrionuevo, también se sumaria a la convocatoria, aunque al igual que Moyano sin movilizar a Plaza de Mayo, ni, a priori, convocar a medidas activas. Sin embargo, la “unidad de acción” de Moyano, Micheli y Barrionuevo le daría bastante "representatividad" a la convocatoria, más allá que los actuales “recontra-alcahuetes” del gobierno como la CGT de Caló y la CTA de Yasky seguramente no serán de la partida y que como es habitual en la burocracia sindical, el paro es llamado por los medios, sin ninguna consulta a las bases trabajadoras, menos que menos la realización de asambleas en los lugares de trabajo, y nada que se parezca en algo a la democracia obrera.

La convocatoria al paro ocurre después del fuerte cacerolazo conservador del pasado jueves 8, pero tiene un carácter completamente distinto a este. Si bien Moyano, Micheli y Barrionuevo tienen fuertes vínculos con sectores de la oposición patronal, también expresan de alguna manera las presiones por el descontento que viene desde abajo, desde las bases de los trabajadores. Trabajadores que se están hartando del deterioro del salario por la escalada sin límites de la inflación, y de la confiscación de una parte de sus sueldos mediante el llamado "impuesto a las ganancias". La convocatoria al paro, aunque realizada por sectores burocráticos que buscan subordinar los intereses obreros a distintos sectores patronales, da sin embargo un canal para que se exprese la bronca de un sector social completamente distinto a los caceroleros del jueves pasado: la clase obrera. Es en ese sentido que el paro debe ser apoyado sin ningún lugar a dudas, apostando a que sea la clase obrera y sus reclamos la que talle en la situación nacional yendo más allá de sus convocantes burocráticos.

La realidad es que entre los trabajadores existe una justa y creciente bronca contra el gobierno. Desde hace meses Cristina viene aplicando un ajuste económico que descarga la crisis sobre la clase obrera y los sectores populares. Titulándolo sutilmente "sintonía fina", el gobierno ha venido intentado sacarse de encima su responsabilidad por esta política antiobrera y antipopular, “tercerizando” su aplicación sea a los empresarios, sea a los gobernadores de las provincias, sea al Jefe de la Ciudad o a quién sea. Esta maniobra no ha evitado que la bronca contra el kirchnerismo esté creciendo. Es que este ajuste ha tenido el objetivo de que los aumentos en paritarias quedaran por detrás de la inflación, un modo de compensarles a los empresarios el deterioro del dólar para que no pierdan "competitividad". De ahí que acercándonos a fin de año, y viendo todos los días la insuficiencia de los aumentos obtenidos meses atrás, amplios sectores de trabajadores y los gremios estén exigiendo sumas fijas para fin de año con el objetivo de compensar este atraso.

Pero no se trata sólo de las paritarias a la baja que firmaron los burócratas de todos los colores, oficialistas y opositores. También tiene un lugar central en la convocatoria el rechazo al escandaloso impuesto a las “ganancias” que pagan cada vez más porciones de trabajadores dado que el aumento del piso a partir del cual este impuesto impresentable se paga, ha quedado completamente por detrás de la inflación. La situación aberrante aquí es que cada vez que un sector de trabajadores obtiene un aumento, debe dejar parte importantísimo del mismo en manos del gobierno que se lo saca al servicio de sus propias necesidades. Como si esto fuera poco, las jubilaciones y demás ingresos sociales se van retrasando mientras que, aun sea en cuotas o no, aumentan el transporte, las tarifas, y demás servicios públicos, que de tan deteriorados que están, lo único que causan es un creciente rechazo.

El de los servicios es otro de los elementos de repudio popular al gobierno. A las amplias mayorías explotadas y oprimidas no les conmueven realmente los reclamos de los caceroleros, que en definitiva se anudan alrededor de la defensa de la propiedad privada, los dimes y diretes de la pelea entre el gobierno y Clarín, el dólar y cosas por el estilo. Pero si hay algo que no estuvo entre las prioridades del 8N, pero que sí lo está entre los sectores populares, es el desastre del transporte y la electricidad. Este ha sido otro de los grandes temas de estos días: el inmenso apagón que refleja el creciente abandono al que ha sometido el kirchnerismo unos servicios públicos que solamente han servido para que se llenen de plata (subsidios estatales mediante) las operadoras de los mismos, a la vez que provocando desastres y hasta tragedias entre los usuarios como fue en marzo el accidente de la ex línea Sarmiento.

Como si lo anterior fuera poco, Cristina ya salió a sentar posición contra al paro. Es en relación al movimiento obrero dónde más se le notan los pelos de gorila. Se queja de que los caceroleros son un movimiento “ultraconservador”. Eso es verdad. Pero lo que pretende esconder con eso, es que su gobierno también es bien gorila en relación a la clase obrera: sino que lo diga la clásica amenaza patronal que acaba de proferir de que la consecuencia del paro serían “nuevos despidos”… Y no nos olvidemos que hace pocos días nomás acaba de sancionar una ley de riesgos de trabajo que la única intención que tiene es ponerle un precio miserable a la vida del obrero, respondiendo de esta forma a la preocupación empresaria de que en la justicia las familias damnificadas obtenían “demasiada indemnización”. No les preocupa los accidentes que se generan por la desidia empresaria, o los ritmos locos de trabajo que aumentan sus súper ganancias: ¡lo que les preocupa es no pagar un precio demasiado alto por las consecuencias que tiene esto sobre la vida del trabajador! Cristina se declara “policlasista”. Pero esta no es más que una maniobra para confundir (aclaremos, de paso, que la conciliación entre explotados y explotadores, no existe), porque detrás de ese envoltorio, el kirchnerismo en estos últimos diez años no ha hecho otra cosa que defender una argentina 100% capitalista, que se nota no solamente en las enormes ganancias obtenidas por los empresarios, sino también en la concentración económica en manos de los más grandes grupos económicos.

El deterioro del salario y de las condiciones de vida es lo que ha motorizado la justa bronca entre los trabajadores, y el que podría tener un progresivo canal de expresión en el paro del 20. De ahí que la convocatoria debería ser a un paro realmente activo, discutido por las bases, con asambleas, y cualquier otra forma de organización desde abajo. No es así como lo piensan Moyano y Micheli. El primero quiere hacer “un paro como los de antes”, es decir, solo “dominguero”. Igualmente, tiene una dificultad: en aquellos paros domingueros de las décadas pasadas, al menos realmente durante el mismo parecía un domingo: no volaba ni una mosca, paraba todo el mundo. En este caso no está claro qué adhesión tendrá la medida, porque más allá de que muchos trabajadores seguramente simpatizarán con la convocatoria, la fragmentación sindical que existe en este momento dificulta una medida de ese tipo. Pero, además, hay otro problema. La búsqueda de un paro pasivo por parte de Moyano tiene el objetivo de controlar todo, que nada se le salga de las manos, además de congraciarse con sus nuevos aliados de la oposición patronal, los que verían con muy malos ojos una acción demasiado contundente como fuerzas patronales que son.

Luego está el caso de Micheli. Este boconea que quiere un paro “activo”. Pero no ha convocado a ninguna asamblea de base para organizarlo en los gremios o sectores dónde tiene fuerza. Las corrientes de “izquierda” que le hacen de comparsa, como la CCC y el MST (o, incluso, lamentablemente, el “Pollo” Sobrero del Sarmiento), no han abierto palabra al respecto mientras Micheli cancherea que el 20 llevará a cabo “100 cortes en todo el país” y convocará a un acto en la Plaza de Mayo. La realidad es que el michelismo es muy débil. Su punto de apoyo está entre los estatales, los que están fragmentados no solo con la oficialista UPCN, sino en mil gremios más. Su convocatoria supuestamente “activa”, es sólo para esconder esta debilidad orgánica en materia de representación porque si el paro no lo garantiza el moyanismo, de cese de actividades tendría poco.

Aquí salta otro problema vinculado a la acción gorila del kirchnerismo en el movimiento obrero: su rol ha sido al mismo que en relación al resto de los movimientos de lucha: ¡cooptar y fragmentar!. Bonito “progresismo” es este que solamente ha buscado debilitar y cooptar mucho de lo que de independiente de los aparatos tradicionales había dejado el 2001. Así como fragmentar en todo lo posible el viejo aparato sindical, para que ningún gremio se le pueda “retobar” demasiado. En esta acción, sin embargo, además de garantizarse dominio y control, siempre se ha asegurado, sobre todo, algo más estratégico: proteger y mantener la estructura sindical tradicional pactando con burócratas de todos los pelajes a diestra y siniestra, sólo importándole que los apoyen a ellos y siempre buscando frustrar el proceso de recomposición que viene desde abajo. Muchos no gustan escuchar esto. Pero la verdad es que el kirchnerismo ha sido bien peronista en ese sentido: ceder algunas mínimas concesiones mientras le asegura a la patronal excepcionales condiciones de explotación del trabajo, y desalienta y trabaja contra todas las experiencias antiburocráticas.

En este contexto, desde el Nuevo MAS opinamos que la convocatoria es una oportunidad para que los trabajadores hagan sentir sus reclamos en la palestra nacional. Pensamos que en todos los lugares que pueda ser esto posible, deben realizarse asambleas, reuniones abiertas, plenarios o lo que sea, unificando si es posible a los trabajadores de ambas CGT y ambas CTA para llevar a cabo una acción conjunta que los burócratas no van a garantizar. Además, debemos esforzarnos porque la medida de fuerza sea activa, viendo en cada caso como se puede garantizar esto, realizando piquetes y cortes de ruta masivos dónde sea posible, y evaluando la conveniencia o no de movilizar a Plaza de Mayo; esto es más táctico y dependerá de lo que más nos convenga en cada caso. Pero lo que no es táctico es parar, y hacerlo sobre la base de una decisión colectiva de los compañeros y compañeras en cada lugar de trabajo buscando, además, que el paro no sea dominguero sino activo y lo más unificado posible entre todos los trabajadores, sean del gremio o la central que sean, y con una perspectiva independiente que avance en comprender que no se debe ir detrás de uno u otro sector patronal como pretenden todas las burocracias, sino que la clase obrera debe hacer su propio camino político.

► Reapertura de paritarias ya

► Salario igual a la canasta familiar (que hoy ronda los 7000 pesos); ajuste mensual por inflación


► Derogación del impuesto al salario y asignaciones familiares para todos


► Derogación de la nueva ley de ART´s


► 82% móvil para los jubilados y pensionados


► Contra el trabajo en negro y tercerizado


► Contra la criminalización de la protesta. No a la ley “antiterrorista”


► No pago de la deuda externa


► Reestatización de todas las privatizadas bajo control y gestión de sus trabajadores


► Nacionalización de la banca y del comercio exterior


► Impuestos crecientes a las rentas agrarias y mineras

sábado, 30 de junio de 2012

EL NUEVO MAS MARCHÓ A PLAZA DE MAYO

 
El Nuevo MAS marchó a Plaza de Mayo por:

► Eliminación inmediata del impuesto al salario

► Que todos los trabajadores cobren las asignaciones familiares

► Aumento de salarios de acuerdo a la canasta familiar

► Efectivización de los trabajadores contratados, tercerizados y en negro

► Basta de judicializar y militarizar los conflictos obreros

► Por un Encuentro Nacional de Delegados de Base

Más allá de la convocatoria limitada de Moyano y la CGT  marchamos a la Plaza de Mayo levantando un programa que contemple los reclamos de la mayoría de la clase obrera. Es decir no solo marchamos por la eliminación del impuesto al salario y por que todos cobren las asignaciones familiares, sino que también marchamos por paritarias sin techo con aumentos de salarios que cubran la canasta familiar, contra la precarización laboral, por la efectivizacion de todos los trabajadores contratados, tercerizados y en negro. Y también marchamos en repudio al gobierno contra su política de judicializar y militarizar los conflictos obreros.

No se le debe tener ni un gramo de confianza ni a Moyano, ni a Micheli porque los dos terminan a la rastra de algún sector patronal. Desde el Nuevo MAS llamamos a los delegados y comisiones internas independientes y combativas a trabajar todos juntos por un Encuentro Nacional de Delegados de Base que en medio del agravamiento de la crisis de la burocracia sindical y de su enfrentamiento con el gobierno, permita que los sectores independientes den un paso adelante hacia la conformación de una nueva dirección para la clase obrera argentina.
-

miércoles, 27 de junio de 2012

EL NUEVO MAS CONVOCA A PLAZA DE MAYO ESTE MIÉRCOLES 27


Por aumento de salarios para todos, por la efectivización de los tercerizados, por la derogación del impuesto a las ganancias y el pago de las asignaciones familiares sin tope.

El miércoles 20 el gobierno intentó quebrar el paro de los camioneros militarizando las destilerías, poniendo a manejar los camiones cisterna a gendarmes, todo esto bajo la supuesta aplicación de la ley de abastecimiento.

Repudiamos al gobierno de Cristina por su política de criminalizar y judicializar las luchas obreras y populares. Esta política no es nueva en la Argentina reciente y en el gobierno de Cristina, como lo atestiguan los más de 6.000 procesados por luchar y los asesinatos de Kosteki, Santillán, Carlos Fuentealba y Mariano Ferreyra.

La pelea entre el Gobierno de CFK y Moyano significa la ruptura de la alianza que más ayudó a apagar el incendio pos-argentinazo del 2001. Moyano, con el prestigio de “combativo” que tiene entre algunos sectores de trabajadores, se ocupó de mantener a raya la conflictividad de los ocupados al servicio de la estabilidad capitalista del país. La ruptura con Moyano significa, entonces, una seria crisis política. El gobierno lo acusa ahora de “desestabilizador” y “empleado de Clarín”, cuando hasta ayer era su principal aliado en el movimiento sindical. Cristina intenta así esconder el ajuste inflacionario con el fantasma de la “desestabilización”.

Las razones del enfrentamiento

El gobierno, envalentonado con el 54% de los votos, creyó que había llegado el momento de desplazar al camionero de la cabeza de la CGT y erigirse en el único árbitro de la situación del país. A lo largo de casi toda la última década Moyano exhibió un “poder de fuego” y una autonomía relativa que, si bien les hizo un gran favor a los K negándose a convocar a medida alguna de conjunto, mantuvo siempre una capacidad de negociación y un rechazo al alineamiento incondicional. Esto lo hacía (y lo hace) un factor de poder que el gobierno nunca logró controlar del todo. El intento de desplazarlo de la CGT tiene en gran medida el objetivo de acabar con este elemento fuera de su control, que cada dos por tres amenazaba con desafiarlos.

Pero hay también un elemento vinculado a la situación económica del país. Se han “juntado” una serie de desequilibrios que están afectando los precios, los salarios, el crecimiento económico y también –aunque de manera incipiente– el mayor logro del “modelo”: el nivel de empleo. Es decir, se cierne una amenaza sobre las condiciones de vida de las mayorías. Esta situación tiende a agravarse por la recaída de la economía mundial en la crisis. En su disputa con el gobierno, Moyano se encontró con un “aliado” en gran medida inesperado: el deterioro del “modelo K”.

Así las cosas, mientras arrecian los aumentos de los precios y el gobierno parece nuevamente asumir la necesidad de volver a la carga con la “sintonía fina”, es decir, con el ajuste, Moyano levanta una serie de reivindicaciones que son sentidas entre amplias franjas de los trabajadores y que cuestionan aspectos de ese ajuste.

La justicia de las reivindicaciones

Los reclamos que Moyano ha explicitado son: la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, que alcanza a una proporción cada vez mayor de trabajadores, a quienes se les confisca una parte importante de su salario. Se trata de un impuesto aberrante: las únicas ganancias son las de los empresarios. ¡Sólo ellos deberían tributar. En cambio, son cada vez más los trabajadores que los pagan, porque los aumentos del “mínimo no imponible” van muy por detrás de los aumentos promedios en paritarias. ¡Y este año ni siquiera aumentó! Por eso, hoy una maestra con doble cargo y 15 años de antigüedad pagará el impuesto.

El segundo reclamo es el salario familiar. Hoy tiene un techo a partir del cual no se percibe. El trabajador con un salario de más de 5.200 ya no cobra salario familiar. Es otra medida que penaliza a los trabajadores y reduce de manera indirecta su salario.

En síntesis: los puntos que reclama Moyano son justas reivindicaciones de un sector de trabajadores. Por lo tanto, deben merecer el apoyo crítico de parte de las organizaciones de la izquierda.

Un programa para todos los trabajadores

Este apoyo es crítico por varias razones. En primer lugar, porque Moyano es propatronal; tanto en relación a su propia patronal como a políticos que están a su servicio, llámense Scioli hoy, o Cristina y Rodríguez Saa ayer.

En segundo lugar, Moyano es parte orgánica de la burocracia sindical argentina, que tiene entre sus objetivos cortar de cuajo el surgimiento de la nueva generación obrera que, desde abajo, viene haciendo una experiencia de lucha y organización como hace décadas no se daba en el país. Experiencias como la de algunos ramales ferroviarios, el neumático, el subte, la alimentación, gráficos y los judiciales bonaerenses, entre muchas otras, marcan jalones de este cuestionamiento estratégico al conjunto de la burocracia sindical.

Tercero, porque el programa que levanta es muy limitado, involucra solo a un sector de trabajadores y no al conjunto. Moyano no exige, por ejemplo, aumento de salarios para todos los trabajadores y de acuerdo a la verdadera inflación. Tampoco, trabajo para todos y fin del empleo en negro.

La jornada del miércoles 27 no puede ser una medida aislada, no puede ser un acto para que Moyano salga por TV y termine sin darle continuidad. Se necesita una verdadera huelga general activa y que tome las reivindicaciones del conjunto de los trabajadores y no solo de un sector.

Por un Encuentro Nacional de Delegados de Base

La CTA opositora –que encabeza Pablo Micheli y que esta alineada políticamente con el sojero, ex gobernador de Santa Fe, Hermes Binner– dice que no va a la plaza de Mayo y que hará un acto propio. "Si está la Mesa de Enlace yo no puedo participar", dijo Micheli para justificar su divisionismo. El argumento no puede ser más insólito, cuando el origen de la ruptura de la CTA fue justamente el alineamiento que tuvo Micheli con la Mesa de Enlace (y de Yaski, con el gobierno). La verdadera causa es su pelea de aparato con la CGT moyanista.

Desde la izquierda, hay que dejar de hacer “mini encuentros sindicales” de cada corriente por separado y trabajar para preparar las condiciones para un Encuentro Nacional de Delegados de Base que, en medio del agravamiento de la crisis de la burocracia sindical y de su enfrentamiento con el gobierno, permita que los sectores independientes den un paso adelante hacia la conformación de una nueva dirección para la clase obrera argentina.

• No a la criminalización y judicialización de las luchas obreras


• Por un aumento general de salarios acorde a la canasta familiar


• Por la efectivización de todos los contratados y precarizados


• Por la derogación del impuesto a las ganancias y el pago de las asignaciones familiares a todos los trabajadores
-

¡ESTE MIÉRCOLES 27 PARO GENERAL ACTIVO YA!



La "guerra de bolsillo de Cristina y Moyano desata una crisis política

¡Paro general activo ya!- Hace falta un encuentro nacional de delegados de base

Por primera vez desde que está al frente de la CGT, Hugo Moyano quedó cerca de la convocatoria a un paro general. Esto ha ocurrido luego que el gobierno reaccionara al paro de los camioneros del transporte de combustibles, amenazando con aplicar la Ley de Abastecimientos que autorizaría, incluso, a detenerlo. Esta amenaza generó un enfrentamiento que estuvo a centímetros de la represión en la puerta del predio de la destilería de YPF en La Matanza en la noche de este miércoles 20 de junio, al cierre de esta edición.

El solo hecho que Moyano haya quedado tan cerca de una convocatoria a un paro general, habla de la gravedad de los acontecimientos en curso. Es que lo que se está escenificando es la ruptura de una de las alianzas que más tuvieron que ver con la estabilidad social en los últimos años, donde Moyano, con el prestigio de “combativo” que tiene entre determinados sectores de trabajadores, y logrando mayormente beneficios solo para su propio gremio, se ocupó de mantener a raya la conflictividad al servicio de la estabilidad capitalista de un país que emergía del incendio del 2001. De ahí que no tenga en su haber ni una sola medida de paro general como secretario general de la CGT, a diferencia del también burócrata Saúl Ubaldini, que en la década de los 80 le hizo más de diez paros generales a Alfonsín.

La ruptura con Moyano está significando, entonces, una seria crisis política en el seno del oficialismo, el que a estas horas está discutiendo febrilmente como proceder. Ruptura política que tiene todo tipo de condimentos como por ejemplo, que la brecha dentro del oficialismo se amplíe aún más ante declaraciones como las del vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, Mariotto, que involucran a Scioli en una suerte de “complot” con el propio Moyano.

Desde el nuevo MAS nos pronunciamos a favor, aunque críticamente, de las reivindicaciones que está levantando Moyano, más allá que no dejen de ser limitadas a un sector de los trabajadores. Le exigimos que pase de las palabras a los hechos convocando a un paro nacional activo con movilización (un paro de todos los gremios, no solo de los camioneros), al tiempo que planteamos que no se le debe tener ni un gramo de confianza ni a Moyano, ni a Micheli, ni a ningún sector de la burocracia sindical tradicional de nuestro país, y que de lo que se trata es de poner en pie un Encuentro Nacional de Delegados de Base.

El trasfondo de un conflicto

Veamos sucintamente el trasfondo del conflicto entre Moyano y el gobierno. Los elementos que están detrás del mismo son, básicamente, dos. En primer lugar, en realidad, hay una razón que podríamos considerar básicamente política: se trata que el gobierno, envalentonado con el 54% de los votos obtenido en octubre pasado, creyó que había llegado el momento de desplazar al camionero del frente de la CGT y erigirse en único árbitro de la situación del país.

Es que a lo largo de casi toda la última década, y, sobre todo, bajo el kirchnerismo, Moyano siempre exhibió un “poder de fuego” y una autonomía relativa que si bien les hizo un gran favor a los k negándose a convocar a medida alguna de conjunto, mantuvo siempre una capacidad de negociación y un rechazo al alineamiento incondicional que lo hacían –y lo hacen- un factor de poder que el gobierno nunca logró controlar del todo. Su desplazamiento de la CGT, tiene en gran medida el objetivo de acabar con este elemento fuera de su control que cada dos por tres amenaza con desafiarlos.

Pero hay también un segundo elemento, y este tiene que ver con la situación económica (la razón más explicitada por Moyano a estas horas). Es que en su disputa con el gobierno, Moyano se encontró con un “aliado” en gran medida inesperado: el deterioro del “modelo k”. Porque la realidad es que a la situación económica del país se le han ido “apilando” una serie de desequilibrios que están afectando los precios, los salarios, el crecimiento económico y, todavía de manera incipiente pero real, el mayor logro del “modelo”: el nivel de empleo. Es decir, que comienzan a afectar las condiciones de vida de las mayorías, agravado el cuadro de situación, por la recaída en la crisis que se vive en la economía mundial y que ya se comienza a sentir en el país.

Así las cosas, y mientras arrecian los aumentos de los precios y el gobierno parece nuevamente estarse convenciendo de la necesidad de volver a la carga con la “sintonía fina” (frase redundante para no hablar directamente de ajuste), Moyano levanta una serie de reivindicaciones que no dejan de ser populares entre amplias franjas de los trabajadores y que cuestionan aspectos de ese mismo ajuste.

La justicia de las reivindicaciones

La circunstancia es que desde su ruptura con el gobierno, Moyano comenzó a levantar una serie de reivindicaciones que han venido chocando con las intenciones de Cristina de llevar adelante un ajuste en la economía ante los crecientes desequilibrios del “modelo”, ajustes que se vieron postergados en oportunidad de la tragedia del ex ferrocarril Sarmiento a comienzos de marzo pasado.

Tres son los reclamos que Moyano ha explicitado de manera clara y que no dejan de reflejar necesidades de los trabajadores. El primero tiene que ver con la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, impuesto que instaurado bajo Domingo Cavallo, y continuado por Néstor Kirchner, ridículamente está alcanzando una proporción cada vez mayor de trabajadores, a los cuales se les ve confiscada parte importante de su salario. Es que se trata no solamente de un impuesto aberrante (las únicas ganancias existentes y que deberían tributar impositivamente mucho más de lo que lo hacen bajo los k, son las que se embolsan los capitalistas a partir del trabajo no pagado de sus trabajadores), sino que a la vez, al aumentar el mínimo no imponible por detrás del ritmo de la inflación y de los aumentos promedios en paritarias, cada vez afecta a una franja mayor de los trabajadores.

El segundo tiene que ver con el salario familiar. El hecho es que el salario familiar tiene un techo a partir del cual se deja de pagar. Este techo está, en promedio, algo en torno a los 3000$ a partir del cual, si un trabajador aunque tenga hijos gana más, no cobra el salario por los mismos. Es decir, es otra medida que penaliza a los trabajadores que cobran a partir de determinado límite.

En tercer lugar, está la pelea del gremio Camioneros propiamente dicho. Anteriormente, Moyano se había acostumbrado a obtener siempre algún punto más, o algún beneficio bajo la mesa. Esto ocurrió mientras estuvo de parabienes con los k. Pero ahora, no sólo esto se acabó, sino que en la actual paritaria con los empresarios del transporte, estos aparecen como tratando de “penalizarlo” por su alejamiento del gobierno. Esto es así porque la discusión se ha estancado en la oferta del 21% (sin proponer, por lo demás, sumas fijas ni ningún otro beneficio, al menos hasta el momento), mientras gremios k como el de metalúrgicos o, ahora la UOCRA, obtuvieron porcentajes mayores.

En síntesis: los puntos que está reclamando Moyano son justas reivindicaciones de una amplia porción de los trabajadores y, por lo tanto, deben merecer el apoyo crítico de parte de las organizaciones de la izquierda. Apoyo porque, en sustancia, se trata de reivindicaciones sentidas. Crítico porque no se puede olvidar nunca ni por un segundo que Moyano en su calidad de dirigente burocrático al frente de la CGT –en realidad, a lo largo de toda su trayectoria- siempre trabajó por el monopolio de la representación sindical por parte del peronismo y en contra de la democracia de las bases y la independencia política de los trabajadores.

Hace falta un paro activo general ya. Por un Encuentro Nacional de Delegados de Base

Los acontecimientos que se han vivido la noche del miércoles 20 están significando una suerte de crisis política en el gobierno. El ejecutivo quiso escenificar un “endurecimiento” aplicando la Ley de Abastecimiento y, hasta el momento del cierre de esta edición, ese teatro le viene fracasando. Moyano apareció en el programa A Dos Voces de TN saliendo a convocar a un paro general del gremio camionero y una movilización a la Plaza de Mayo de fecha todavía incierta sugiriendo, a la vez, que serían bienvenidos todos los apoyos: en el programa manifestó que le había llegado el de Pablo Micheli de la CTA disidente, o mismo el que se pudo observar en vivo del Pollo Sobrero en La Matanza.

Desde ya que hasta que se reúna la CGT y resuelva pueden pasar muchas cosas. Entre ellas, mucho tendrá que ver con los nuevos pasos que decida el gobierno, el que parece con poco margen para retroceder luego de ensayar un endurecimiento y de que Cristina volviera apresuradamente de su gira internacional dada la crisis desatada. La realidad es que tampoco Moyano tiene mucho margen de maniobras si es que desde el gobierno no se ensaya un cambio de posición, o se le “afloja” algo.

Como señalamos arriba, nuestro apoyo a las medidas que pueda tomar Moyano es un apoyo crítico. Es que Moyano es parte de la burocracia sindical argentina que tiene entre sus objetivos cortar de cuajo la emergencia de la nueva generación obrera que, desde abajo, viene haciendo una experiencia de lucha y organización como hace décadas no se expresaba en el país. Experiencias como la de algunos ramales ferroviarios, el neumático, el subte, la alimentación, gráficos y los judiciales bonaerenses, entre muchas otras, que marcan lo que venimos señalando y plantean un estratégico cuestionamiento al conjunto de la burocracia sindical.

Esta experiencia está en curso, además, en momentos que no sólo la CTA está partida en dos, sino que la propia CGT se encamina al mismo escenario a partir del 12 de Julio, cuando el sector de Moyano realice su Congreso donde será reelecto mientras que el sector afín al gobierno K entronice a Calo del gremio metalúrgico al frente de la otra mitad.

En estas condiciones, nuestra exigencia pasa porque Moyano, desde la CGT, convoque de inmediato a un paro general de todos los gremios, no solo de camioneros, que sea activo, al tiempo que se garantiza que la movilización a la Plaza de Mayo no sea solo de su aparato, sino abierta a todos los que quieran participar.

Al mismo tiempo, desde la izquierda, hay que dejar de hacer “mini encuentros sindicales” de cada corriente por separado y trabajar por preparar las condiciones para un Encuentro Nacional de Delegados de Base que en medio del agravamiento de la crisis de la burocracia sindical y de su enfrentamiento con el gobierno, permita que los sectores independientes den un paso adelante hacia la conformación de una nueva dirección para la clase obrera argentina.
-

sábado, 23 de junio de 2012

LA “GUERRA DE BOLSILLO” DE CRISTINA Y MOYANO DESATA UNA CRISIS POLÍTICA

¡Paro general activo ya!

Hace falta un encuentro nacional de delegados de base

Por primera vez desde que está al frente de la CGT, Hugo Moyano quedó cerca de la convocatoria a un paro general. Esto ha ocurrido luego que el gobierno reaccionara al paro de los camioneros del transporte de combustibles, amenazando con aplicar la Ley de Abastecimientos que autorizaría, incluso, a detenerlo. Esta amenaza generó un enfrentamiento que estuvo a centímetros de la represión en la puerta del predio de la destilería de YPF en La Matanza en la noche de este miércoles 20 de junio, al cierre de esta edición.

El solo hecho que Moyano haya quedado tan cerca de una convocatoria a un paro general, habla de la gravedad de los acontecimientos en curso. Es que lo que se está escenificando es la ruptura de una de las alianzas que más tuvieron que ver con la estabilidad social en los últimos años, donde Moyano, con el prestigio de “combativo” que tiene entre determinados sectores de trabajadores, y logrando mayormente beneficios solo para su propio gremio, se ocupó de mantener a raya la conflictividad al servicio de la estabilidad capitalista de un país que emergía del incendio del 2001. De ahí que no tenga en su haber ni una sola medida de paro general como secretario general de la CGT, a diferencia del también burócrata Saúl Ubaldini, que en la década de los 80 le hizo más de diez paros generales a Alfonsín.

La ruptura con Moyano está significando, entonces, una seria crisis política en el seno del oficialismo, el que a estas horas está discutiendo febrilmente como proceder. Ruptura política que tiene todo tipo de condimentos como por ejemplo, que la brecha dentro del oficialismo se amplíe aún más ante declaraciones como las del vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, Mariotto, que involucran a Scioli en una suerte de “complot” con el propio Moyano.

Desde el nuevo MAS nos pronunciamos a favor, aunque críticamente, de las reivindicaciones que está levantando Moyano, más allá que no dejen de ser limitadas a un sector de los trabajadores. Le exigimos que pase de las palabras a los hechos convocando a un paro nacional activo con movilización (un paro de todos los gremios, no solo de los camioneros), al tiempo que planteamos que no se le debe tener ni un gramo de confianza ni a Moyano, ni a Micheli, ni a ningún sector de la burocracia sindical tradicional de nuestro país, y que de lo que se trata es de poner en pie un Encuentro Nacional de Delegados de Base.

El trasfondo de un conflicto

Veamos sucintamente el trasfondo del conflicto entre Moyano y el gobierno. Los elementos que están detrás del mismo son, básicamente, dos. En primer lugar, en realidad, hay una razón que podríamos considerar básicamente política: se trata que el gobierno, envalentonado con el 54% de los votos obtenido en octubre pasado, creyó que había llegado el momento de desplazar al camionero del frente de la CGT y erigirse en único árbitro de la situación del país.

Es que a lo largo de casi toda la última década, y, sobre todo, bajo el kirchnerismo, Moyano siempre exhibió un “poder de fuego” y una autonomía relativa que si bien les hizo un gran favor a los k negándose a convocar a medida alguna de conjunto, mantuvo siempre una capacidad de negociación y un rechazo al alineamiento incondicional que lo hacían –y lo hacen- un factor de poder que el gobierno nunca logró controlar del todo. Su desplazamiento de la CGT, tiene en gran medida el objetivo de acabar con este elemento fuera de su control que cada dos por tres amenaza con desafiarlos.

Pero hay también un segundo elemento, y este tiene que ver con la situación económica (la razón más explicitada por Moyano a estas horas). Es que en su disputa con el gobierno, Moyano se encontró con un “aliado” en gran medida inesperado: el deterioro del “modelo k”. Porque la realidad es que a la situación económica del país se le han ido “apilando” una serie de desequilibrios que están afectando los precios, los salarios, el crecimiento económico y, todavía de manera incipiente pero real, el mayor logro del “modelo”: el nivel de empleo. Es decir, que comienzan a afectar las condiciones de vida de las mayorías, agravado el cuadro de situación, por la recaída en la crisis que se vive en la economía mundial y que ya se comienza a sentir en el país.

Así las cosas, y mientras arrecian los aumentos de los precios y el gobierno parece nuevamente estarse convenciendo de la necesidad de volver a la carga con la “sintonía fina” (frase redundante para no hablar directamente de ajuste), Moyano levanta una serie de reivindicaciones que no dejan de ser populares entre amplias franjas de los trabajadores y que cuestionan aspectos de ese mismo ajuste.

La justicia de las reivindicaciones

La circunstancia es que desde su ruptura con el gobierno, Moyano comenzó a levantar una serie de reivindicaciones que han venido chocando con las intenciones de Cristina de llevar adelante un ajuste en la economía ante los crecientes desequilibrios del “modelo”, ajustes que se vieron postergados en oportunidad de la tragedia del ex ferrocarril Sarmiento a comienzos de marzo pasado.

Tres son los reclamos que Moyano ha explicitado de manera clara y que no dejan de reflejar necesidades de los trabajadores. El primero tiene que ver con la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, impuesto que instaurado bajo Domingo Cavallo, y continuado por Néstor Kirchner, ridículamente está alcanzando una proporción cada vez mayor de trabajadores, a los cuales se les ve confiscada parte importante de su salario. Es que se trata no solamente de un impuesto aberrante (las únicas ganancias existentes y que deberían tributar impositivamente mucho más de lo que lo hacen bajo los k, son las que se embolsan los capitalistas a partir del trabajo no pagado de sus trabajadores), sino que a la vez, al aumentar el mínimo no imponible por detrás del ritmo de la inflación y de los aumentos promedios en paritarias, cada vez afecta a una franja mayor de los trabajadores.

El segundo tiene que ver con el salario familiar. El hecho es que el salario familiar tiene un techo a partir del cual se deja de pagar. Este techo está, en promedio, algo en torno a los 3000$ a partir del cual, si un trabajador aunque tenga hijos gana más, no cobra el salario por los mismos. Es decir, es otra medida que penaliza a los trabajadores que cobran a partir de determinado límite.

En tercer lugar, está la pelea del gremio Camioneros propiamente dicho. Anteriormente, Moyano se había acostumbrado a obtener siempre algún punto más, o algún beneficio bajo la mesa. Esto ocurrió mientras estuvo de parabienes con los k. Pero ahora, no sólo esto se acabó, sino que en la actual paritaria con los empresarios del transporte, estos aparecen como tratando de “penalizarlo” por su alejamiento del gobierno. Esto es así porque la discusión se ha estancado en la oferta del 21% (sin proponer, por lo demás, sumas fijas ni ningún otro beneficio, al menos hasta el momento), mientras gremios k como el de metalúrgicos o, ahora la UOCRA, obtuvieron porcentajes mayores.

En síntesis: los puntos que está reclamando Moyano son justas reivindicaciones de una amplia porción de los trabajadores y, por lo tanto, deben merecer el apoyo crítico de parte de las organizaciones de la izquierda. Apoyo porque, en sustancia, se trata de reivindicaciones sentidas. Crítico porque no se puede olvidar nunca ni por un segundo que Moyano en su calidad de dirigente burocrático al frente de la CGT –en realidad, a lo largo de toda su trayectoria- siempre trabajó por el monopolio de la representación sindical por parte del peronismo y en contra de la democracia de las bases y la independencia política de los trabajadores.

Hace falta un paro activo general ya. Por un Encuentro Nacional de Delegados de Base

Los acontecimientos que se han vivido la noche del miércoles 20 están significando una suerte de crisis política en el gobierno. El ejecutivo quiso escenificar un “endurecimiento” aplicando la Ley de Abastecimiento y, hasta el momento del cierre de esta edición, ese teatro le viene fracasando. Moyano apareció en el programa A Dos Voces de TN saliendo a convocar a un paro general del gremio camionero y una movilización a la Plaza de Mayo de fecha todavía incierta sugiriendo, a la vez, que serían bienvenidos todos los apoyos: en el programa manifestó que le había llegado el de Pablo Micheli de la CTA disidente, o mismo el que se pudo observar en vivo del Pollo Sobrero en La Matanza.

Desde ya que hasta que se reúna la CGT y resuelva pueden pasar muchas cosas. Entre ellas, mucho tendrá que ver con los nuevos pasos que decida el gobierno, el que parece con poco margen para retroceder luego de ensayar un endurecimiento y de que Cristina volviera apresuradamente de su gira internacional dada la crisis desatada. La realidad es que tampoco Moyano tiene mucho margen de maniobras si es que desde el gobierno no se ensaya un cambio de posición, o se le “afloja” algo.

Como señalamos arriba, nuestro apoyo a las medidas que pueda tomar Moyano es un apoyo crítico. Es que Moyano es parte de la burocracia sindical argentina que tiene entre sus objetivos cortar de cuajo la emergencia de la nueva generación obrera que, desde abajo, viene haciendo una experiencia de lucha y organización como hace décadas no se expresaba en el país. Experiencias como la de algunos ramales ferroviarios, el neumático, el subte, la alimentación, gráficos y los judiciales bonaerenses, entre muchas otras, que marcan lo que venimos señalando y plantean un estratégico cuestionamiento al conjunto de la burocracia sindical.

Esta experiencia está en curso, además, en momentos que no sólo la CTA está partida en dos, sino que la propia CGT se encamina al mismo escenario a partir del 12 de Julio, cuando el sector de Moyano realice su Congreso donde será reelecto mientras que el sector afín al gobierno K entronice a Calo del gremio metalúrgico al frente de la otra mitad.

En estas condiciones, nuestra exigencia pasa porque Moyano, desde la CGT, convoque de inmediato a un paro general de todos los gremios, no solo de camioneros, que sea activo, al tiempo que se garantiza que la movilización a la Plaza de Mayo no sea solo de su aparato, sino abierta a todos los que quieran participar.

Al mismo tiempo, desde la izquierda, hay que dejar de hacer “mini encuentros sindicales” de cada corriente por separado y trabajar por preparar las condiciones para un Encuentro Nacional de Delegados de Base que en medio del agravamiento de la crisis de la burocracia sindical y de su enfrentamiento con el gobierno, permita que los sectores independientes den un paso adelante hacia la conformación de una nueva dirección para la clase obrera argentina.
-

lunes, 14 de mayo de 2012

EL GOBIERNO, LA BUROCRACIA SINDICAL Y LA RECOMPOSICIÓN OBRERA


¿Hacia una ruptura de la CGT?

A medida que pasan los días los ecos de la estatización parcial de YPF se van diluyendo y vuelven a emerger los problemas reales. El mas importante y motor de un creciente descontento popular es la escalada de los precios. Se trata de una cuestión que golpea día a día el bolsillo de los trabajadores. Tanto es así que una serie de estadísticas muestra que en los últimos meses el consumo popular ha tendido a caer ante el retraso de los salarios, cuando el consumo fue siempre uno de los "caballitos de batalla" K en los últimos años.

Eso conecta con otra cuestión que ya se está poniendo sobre la mesa: las negociaciones paritarias. La realidad es que ni desde el moyanismo ni de sus opositores en la CGT, y tampoco desde ambas CTA, se ha movido un dedo en los últimos meses en lo que tiene que ver con los reclamos que vienen desde abajo. A pesar de que el conjunto de las paritarias vienen atrasadas y del cacareo de Moyano y cía., la CGT no tomó una sola medida para respaldar sus reclamos frente al gobierno. Lo propio ha ocurrido desde la CTA Yasky, que se llamó a silencio desde que cerró el mísero acuerdo salarial de los docentes, y desde la CTA Micheli, que recién ahora anuncia una jornada nacional de lucha para el 8 de junio, sobre la que fijaremos posición oportunamente. 

Es decir, ante el deterioro acelerado del salario, ninguna de las fracciones de la burocracia sindical ha movido un dedo hasta el momento. Si bien Caló, de la UOM, salió a convocar un paro de 24 horas, no sería la primera la vez que lo levanta sin conseguir nada concreto. 

Y esto no se da precisamente porque las negociaciones vengan como por un tubo. La mayoría de las paritarias aparecen trabadas. De los gremios grandes, sólo Andrés Rodríguez de UPCN (estatales de la CGT) acaba de cerrar por el 22%, la cifra que quiere el gobierno. Pero las paritarias en metalúrgicos, bancarios, comercio y otros gremios vienen con más problemas. Estos gremios están pidiendo algún punto más y eso dificulta el acuerdo. Con los metalúrgicos, en realidad, prácticamente se ha acordado por un 22% pagadero en dos cuotas. Pero hay una cifra de 300 pesos que era no remunerativa y que se pretende que pase al básico, y la patronal está en contra. Ya en los casos de bancarios o comercio, la burocracia pide una cifra algo más alta y, además, se discute si los aumentos se extenderían a toda la escala salarial o sólo a los salarios iniciales y no al resto de la escala. En todo caso, ninguna de las burocracias ha convocado a medidas de lucha en regla ni, menos que menos, a un proceso democrático de elección de paritarios por la base para controlar todo el proceso, como debería ser. 

En todo caso, la disputa por las paritarias y la falta de un gremio “testigo” como en otros años que facilite las cosas al gobierno, las patronales y la propia burocracia encierra un problema más de fondo: la futura conducción de la CGT.


La unidad del movimiento obrero pasa por un plenario nacional de delegados de base

El futuro de la CGT es un tema que también va a ir ganando relevancia en las próximas semanas. A estas alturas, lo más probable es que termine dividida. La burocracia de la CGT está prácticamente partida en dos alas: el moyanismo, que hoy reviste en la crítica al gobierno de Cristina, y el bloque armado entorno a los viejos “gordos” menemistas, que ahora juegan para el gobierno. Si Moyano quiere ir por un tercer mandato, los gordos quieren entronizar al metalúrgico Caló como recambio.

Al parecer, y cuando todavía faltan dos meses para el Congreso que debería elegir la nueva conducción, ya ha comenzado el juego de las impugnaciones cruzadas. Cuando esto ocurre, lo más probable es que se comience un proceso que lleve a la partición de la central sindical. 

Por estas horas, al gobierno, subido a la ola de la estatización parcial de YPF, no se lo ve muy preocupado que digamos por el tema. Y menos que menos cuando los burócratas de todos los colores hacen declaraciones e incluso llegan a amenazar con medidas de fuerza, pero la sangre nunca llega al río. Las verdaderas luchas, las más de las veces, quedan en manos de la vanguardia independiente y la izquierda, como lo acaba de mostrar un relevamiento hecho desde el Observatorio del Derecho Social, que señala que las luchas independientes de los aparatos burocráticos en el sector privado, rondan un nada despreciable 13% del total desde 2007.

Daría la impresión de que para el gobierno una CGT partida en dos sería una suerte de “mal menor” frente a la posibilidad de que quede a su frente una conducción “crítica” de aspectos de la gestión gubernamental, como sería Moyano. Claro que nunca se puede descartar que finalmente se fume la pipa de la paz, como mil veces ha ocurrido. Pero no parece ser ese, al menos por ahora, el escenario más probable, salvo que sea Moyano el que retroceda, debido a que Cristina está, de momento, nuevamente en la cúspide de su popularidad.

Más bien, lo que parece posible es que en la CGT se repita lo ocurrido dos años atrás en la CTA. Cuando en septiembre de 2010 se realizaron las elecciones en esa central, caracterizadas por fraudes cruzados entre las dos alas de la burocracia (Yasky y Micheli), al parecer el michelismo se impuso por estrecho margen o, en todo caso, quedaron casi empatados. No hubo acuerdo para realizar nuevas elecciones y el gobierno, vía la justicia, le dio el aval a Yasky para seguir formalmente al frente de la central. Conclusión: emergieron dos CTA. Situación que, como es sabido, no puedo ser aprovechada como correspondía ante la negativa sectaria de sectores de la izquierda (PO y PTS) a apoyar la lista clasista convocada desde la asamblea de base en Fate.

Todo parece indicar, entonces, que este mismo esquema es el que seguiría ahora el gobierno respecto de la CGT. Mostrándose “prescindente”, avalaría la partición de la central obrera, de manera tal de debilitarla en su relación con el Ejecutuvo tal como hizo con la CTA.

Está claro que desde el punto de vista de los socialistas revolucionarios, la evaluación de lo negativo o positivo de la división de las centrales sindicales es algo táctico y no contiene ningún elemento de principios: no estamos atados a ninguna forma organizativa en particular, sólo a lo que facilita en cada caso la lucha y organización de los trabajadores. 

Desde ya, nuestra aspiración es una central democrática de trabajadores que unifique al conjunto de la clase obrera argentina y, desde ese punto de vista, nos oponemos en general a la atomización de las organizaciones obreras (y a la maniobra del gobierno). Pero ni la CGT, ni mucho menos la CTA, son eso hoy. Más bien lo contrario: se trata de ámbitos en cuyas decisiones los trabajadores no tienen arte ni parte, y los pasos que dan sus dirigentes, de unidad o división, tampoco tienen nada que ver con ninguna necesidad real de la clase obrera. Si la CGT se va a dividir o mantener unificada, sólo tiene que ver con las peleas internas de la propia burocracia como casta ajena a la clase obrera y a su relación con el gobierno patronal de turno, en este caso, el kirchnerismo. 

Por un lado, una CGT dividida queda debilitada en su relación con el gobierno. Pero, por el otro, contradictoriamente, debilita también a la burocracia en su conjunto en su relación con la base obrera; más allá de que hoy Moyano se pinte la cara de “combativo”. 

Así las cosas, en realidad, la posición de los revolucionarios no tiene que ver con la unidad o división de la CGT actual tal cual es, sino con cómo democratizarla para que represente realmente a los trabajadores. El mismo criterio vale para la CTA y una eventual central unificada de conjunto. La unidad del movimiento obrero sólo puede pasar por un Congreso o Plenario Nacional de Delegados de Base que le den expresión real a esa unidad.


Son las bases obreras las que tienen que votar la dirección

El moyanismo dice querer que se realice el Congreso y que allí “se vote democráticamente” quién conduce; agregan que esto sería un “hecho sin precedentes”, “un avance en la democratización del movimiento obrero”… Pero esto es pura cháchara. Es verdad que el sector de los gordos quiere llegar, si llega, a un congreso con “acuerdo”, en el que sale Moyano, entra Caló y que no se vota nada. Incluso más: ya están impugnando judicialmente la convocatoria al congreso hecha en el último Confederal (organismo de la CGT que agrupa a los secretarios generales de los gremios) que recientemente hizo Moyano. Un típico paso previo para la ruptura. 

Pero la propuesta de Moyano de “votar” en el congreso tampoco tiene nada de democrática. Esos famosos congresos no son más que un ámbito donde se juntan 2.000 o 3.000 “delegados de los gremios”, el 100% de ellos representativos de la burocracia, sin nada que ver realmente con la base obrera. El mecanismo del Congreso no es ni siquiera parecido a la introducción de métodos de la democracia burguesa en los sindicatos como ha hecho la CTA, donde por intermedio del método del voto secreto de los afiliados se pretendió dar un barniz de “democratización” a lo que en realidad es una pelea de aparatos muy parecida a una elección burguesa. Ya vimos cómo terminó dos años atrás. 

Una real alternativa de democracia obrera no es el dedo de la burocracia (como caracteriza a la CGT), pero tampoco los métodos podridos de la CTA que llevaron a su partición. Es algo completamente distinto que, por supuesto, la burocracia nunca va a hacer motu proprio: los métodos de verdadera democracia obrera. Por ejemplo, la convocatoria a un Congreso de Delegados de Base de todo el movimiento obrero para que sea este organismo, mandatado desde las bases, el que elija la dirección de la CGT. Ésta sería la forma realmente democrática de dirimir la cuestión, algo que en sus décadas de historia la burocracia de todos los colores siempre ha evitado como la peste: que las bases obreras se puedan expresar libremente.
-